jueves, 12 de octubre de 2017

PLOTOBER 2017 - DÍA 12




Un nuevo día, un nuevo relato para el plotober. Y este versa sobre...


RECIBES POR ERROR UN CORREO ELÉCTRONICO DE WIKILEAKS


Diego, a pesar de haber nacido en la generación de la informática, no se había hecho aún a los ordenadores. Esos aparatos cuadrados, con enormes torres, y que incluso algunos de ellos podían doblarse, le producían un enorme desinterés. Para él, el acto de escribir se llevaba a cabo usando papel, lápiz o bolígrafo, no pulsando las teclas de esas máquinas. Las noticias las buscaba no en Internet, sino con los periódicos que su buen amigo el tendero le proporcionaba siempre con puntualidad. Si tenía que comprar algo, lo hacía en las tiendas de su ciudad, y si no estaba disponible, o bien esperaba a que los establecimientos recibieran el producto que buscaba, o pedía a su padre, mucho más curtido que él en el uso de las computadoras y que Diego consideraba un adicto a esos cacharros, que se lo adquiriese por medio del comercio digital. 

No es casual que para sus compañeros de clase Diego fuera un extraño, o mejor dicho, el símbolo de una época que ellos veían muy lejana. Como si fuera un esqueleto de dinosaurio expuesto en un museo. 

Su madre decidió apuntarle a clases de informática, pese a las reticencias de Diego, pensando que así su hijo conseguiría tener más posibilidades en el mundo laboral. Al final nuestro amigo acabó aceptando dichas clases no tanto como un castigo sino como algo un poco molesto, sí, pero de lo que se podría sacar algo en claro.

Hoy iban a aprender a usar el correo electrónico. La profesora les explicó cómo hacerse una cuenta, los distintos tipos de mensajes, y la administración de su bandeja de entrada. No fue algo tan difícil para Diego. Pulsar unas teclas. Mirar bien. Y fuera.

Entonces, justo cuando configuró su cuenta, vio llegar una misiva. Su primer correo. Un poco sorprendido, decidió ver quién lo había enviado.

El remitente era Wikileaks. 

Wikileaks. La organización que había destapado un montón de noticias que nadie debería saber. Noticias que escandalizaron al planeta. Cuyo fundador llevaba años ha en una embajada sin poder salir. 

Y le han enviado un correo a él.

Un montón de pensamientos cruzaron su mente. La policía le detiene y encarcela de por vida. Puede que unos agentes especiales lo secuestren y no vuelva a ver nunca a su familia. O también podría saber algo que haya pasado y deba contar por el bien común. Podría convertirse en un héroe, en alguien que luche por lo que es justo.

Entonces, le dio a abrir. Pudo ver el siguiente mensaje:

"Prácticas remuneradas en la sede de Wikileaks. Aprende con los mejores profesionales a destapar los asuntos más sucios y que no quieren que sepa nadie".

"Malditos ordenadores", pensó Diego.




miércoles, 11 de octubre de 2017

PLOTOBER 2017 - DÍA 11

Piensa, piensa con esa masa cárnica que Dios te dio por cerebro...


Continuamos, continuons, con el Plotober. ¿Qué premisa toca hoy?. Veamos...


UN MOMENTO, ESTAS BRAGAS NO SON MÍAS



Sandra volvió a casa con la compra recién hecha. La comida, el jabón, y unas bragas. No estaban dentro de la la lista, pero le habían tentado. Qué se le va a hacer. No somos de piedra. 

Nada más entrar en el recibidor, vio la misma premisa de todos los días: Luis en el sofá, leyendo un libro de a saber qué, y Ana durmiendo, en una postura contraria a cualquier signo de raciocinio anatómico, y ortopédico, en la cama. Compartir piso, ¡qué feliz idea!. Pero bueno. Ella lo aceptaba porque sabía que alquilar un estudio para ella sola excedía de su presupuesto, y, pensándolo bien, no eran tan malos compañeros. Un poco vagos, sí, pero oye, cuando Sandra necesitaba ayuda ellos le echaban un cable. Ah, y cocinan que se mea uno de gusto. No obstante, lo mejor era que paliaban eso que llamamos soledad. 

Sandra entró en la cocina y dejó la comida y el jabón. Luego se fue disparada a su habitación y abrió la bolsa con sus bragas. Cuando las sacó del envoltorio, y las extendió, dio un respingo y sus ojos se pusieron como platos. 

Esas bragas que ahora sujetaban sus manos eran tan grandes como la envergadura de sus brazos.

Las bragas de un coloso.

Fue con una cara pálida al salón, para enseñárselas a Luis. Luis levantó la vista, y observó esas gigantescas bragas. La cara que se le quedó era digna de enmarcar en una foto.

–¿Qué cojones...?

–No lo sé, compré unas bragas en la tienda de al lado, y cuando las voy a abrir, pues... Mira.

Ana se levantó debido al ruido y caminó hacia el salón a ver qué pasaba.

–A ver, ¿qué conio pasa aquí...? ¡HOSTIA PUTA JAMELGA! ¿Pero y eso qué es, chiquilla?

–Pues lo que le he dicho a Luis, que me compré unas bragas y cuando las voy a sacar, mira lo que me encuentro.

Ana se empezó a reír mientras la cara de Sandra se ponía colorada. Luis pidió calma, y puso su dedo en el mentón. Como siempre hacía para pensar en una solución.

–Pues devuélvelas. Ya está. 

–"Política de empresa: no aceptamos devoluciones de ropa interior, ni de cosméticos." –Leyó Sandra en el ticket de compra –. Joder. Pues al final me las voy a quedar.

–Bueno, piensa que así tendrás un trapo más, que siempre viene bien –dijo Ana. Luego, miró hacia la ventana, y como quien no quiere la cosa, preguntó–: ¿Te dice en el ticket algo sobre el que compró esas bragas?

–No, no pone ningún dato. Me da pena el que las comprara, ha gastado más que yo. Vaya cambiazo. ¿No se podrían haber dado cuenta?

–¿Hoy, que es día de rebajas, y encima en esa tienda de ropa tan famosa? –Le respondió Luis–. Pides demasiado.

Sandra suspiró. Le gustaban las bragas que se compró. Y el que las tenga tampoco puede contactar con ella. Diablos.

Los tres se quedaron mirando la enorme ropa en silencio.

–¿Quién gastaría unas bragas tan grandes? –dijo Ana. 

A la mañana siguiente, en el periódico de la ciudad, Sandra leyó que la elefanta Lucy, la estrella del zoo, no pudo pintar como todos los miércoles porque las nuevas bragas que le habían pedido sus cuidadores, unas bragas de la misma talla y marca que las que tenía Sandra en la cocina, y que Lucy usa como si fueran un pincel, se habían extraviado.









martes, 10 de octubre de 2017

PLOTOBER 2017 - DÍA 10



Prosigamos con Plotober, peña. La premisa de hoy, día 10, es...

TE HAN PILLADO EN EL AEROPUERTO CARGANDO DROGA, PERO TIENES UNA OPORTUNIDAD DE ESCAPAR.


Odio los aviones. Sé que son la hostia. Sé que son importantísimos para la humanidad. Sé que la mayoría de cosas que pido me llegan por avión. Pero también sé que el miedo, el mareo, y todas esas mierdas que me suceden cuando voy en uno de esos bichos no me las quita ni Dios. Ni con cien pastillas de Diazepam. Lo único bueno es cuando el vuelo se acaba. Aleluya. Por fin puedo pisar tierra firme. Gracias, mil millones de gracias. 

Bueno, llegamos a la parte más divertida. Esperar el equipaje. Nótese el sarcasmo. Ñia, ñia. Ahí viene mi maleta. Pequeña, pero fiable. Bueno, vayámonos de aquí cagando le...

Oh, genial. Control policial. En fin, acabemos con esto. Venga, chucho, huele mi maleta. Sí, eso es, huélela y déjame tranqu...

¿Por qué te paras, maldito? Chst, calla, no ladres, calla, mierda, me cago en todo, que vienen, mierda... Bueno, Víctor, tú contrólate, pon cara atenta y ya está.

–Abra la maleta, señor.

De acuerdo, la abro. Total, ¿qué te vas a encontrar de sospechoso? Si solo hay, ¿qué? Ropa, unos libros, mi neceser de aseo, mis gafas yyyyyyy...

Una bolsa llena de droga. Droga. En polvo. Cocaína. No hay nada más que verla. 

Mierda.

¿Cómo ha llegado eso hasta ahí?

Espera, puedo explicarlo. Yo no he adquirido esa droga. Ni de coña. Me la habrá puesto alguien, algún graciosete al que le voy a meter un buen par de hostias como le pille. Ya verá ese cabrito...

Pero, ¿Y si no me creen? ¿Y si me llevan a la cárcel? ¿Y si pasa algo como en las pelis, que me joden la vida hasta el tuétano? Joder, qué nervios, esto parece a estar en el avión, todo el mundo me mira, pero dejad de verme cabrones, qué cojones, dejad de hacer eso, de cuchichear, de...

La puerta de emergencia. A pocos metros. Y está abierta. 

No era el más rápido de mi clase por nada. 

Me giro hacia ella. Antes de que se den cuenta. Muevo las piernas. Como un rayo. Aparto a los policías. El perro intenta agarrarme. Le esquivo con un salto. Todo va a cámara lenta. La puerta está aún abierta, puedo llegar. La gente se asusta, se sorprende, otros gritan. 

Ya casi estoy. Vamos.

Oigo un trueno. Un relámpago me recorre la pierna. Me la destroza. Arde. Parece un mordisco. No es el perro.

No puedo avanzar. Me caigo. Todo va a cámara lenta. El suelo se acerca más y más. Hostión. 

Me duele la pierna como nunca en mi vida. Me sujetan con las porras, gritando que me quede quieto. La pistola en mi cabeza. Yo no puedo más. Vomito. 

Llorando del dolor, les digo que esa droga no es mía.










lunes, 9 de octubre de 2017

PLOTOBER 2017 - DÍA 9



Nota: mientras leía acerca de las reglas del uso de los guiones para introducir diálogos, pude comprobar que no se usan guiones (-), sino rayas (–). No voy a cambiar todos los guiones que he puesto porque me llevaría bastante tiempo. Así que perdonad mi gran ignorancia, y corramos un tupido velo, ¿de acuerdo?.

Hoy la premisa es...


DALE LA VUELTA A UN ARGUMENTO SOBREUSADO


Había una vez una servilleta. Esa servilleta, junto con sus hermanos, se distribuyó a un colegio de una ciudad cercana, donde iba a ser usado por los niños en el comedor escolar. Llegó el momento decisivo, y los encargados del comedor fueron preparando las mesas, repartiendo los platos, tenedores, cuchillos y servilletas. Nuestra servilleta fue a parar a la cuarta mesa, en concreto a la segunda silla contando desde su extremo izquierdo. Una niña se sentó en dicha silla. Empezó a comer, habló con sus amigos, y usó su servilleta. Como de costumbre. La servilleta acabó muy usada, al igual que la mayoría de sus compañeras de fatiga. Cuando se terminó la hora para comer, la niña, antes de salir, y con toda la inocencia del mundo, cogió su servilleta, y le dio la vuelta noventa grados, mientras decía: "gira, gira, gira...". Volvió a colocarla en la mesa, y regresó, en fila con los demás niños, hacia su clase.




domingo, 8 de octubre de 2017

PLOTOBER 2017 - DÍA 8




Sigamos escribiendo, mis pequeños lectores. Veamos la premisa que hoy toca...

UNA SEÑORA LOCA TE SUSURRA AL OÍDO QUE ES UNA BRUJA. NO LA CREES HASTA QUE... 



Un día cualquiera. Anodino. Molesto. Como el resto de los días que había tenido desde hacía... ¿cinco años? ¿seis?. Ni puta idea. Pero tampoco debería quejarme. Gano un montón acojonante de pasta con un trabajo estable y de forma decente, no tengo antecedentes penales, estoy comprometido con una chica que me adora... Joder, la vida me sonríe. Se mire por donde se mire. 

Entonces, ¿por qué no soy feliz?

Ya hace tiempo que busco respuesta a esa pregunta. 

Voy al trabajo. Camino por la calle, saludando al tendero del colmado al que voy a comprar los productos de limpieza. Llego al cruce que me lleva hasta mi empresa. Normal. 

Hasta que oigo una voz que dice a mi lado: -Por favor, señor, ayude a esta pobre bruja-.

Me giré. Pensé que era una mendiga pidiendo limosna, pero no. Era una chica joven, de unos quince años, vestida como cualquier chica de quince años de cualquier país desarrollado. Y me decía que era una bruja.

Ni ella ni yo apestábamos a alcohol. 

-¿Eres una bruja?-. Le digo yo. 

-Sí, pero, por favor, ayúdeme, se lo suplico-.

No soy tan cabrón como para negar la ayuda a una niña. Aunque esté loca de remate. Total, si pasa algo, voy a la policía, que está cerca. Pero bueno, seguro que será alguna chorrada. 

-¿En qué te puedo ayudar, pequeña bruja?. Si es que eres una bruja-.

La niña me miró con una cara de cordero degollado y comenzó a llorar. 

-Eh, vamos, para, por favor- Comencé a decirle-. No llores. Tienes que saber que soltarle a alguien que eres una bruja es un poco difícil de creer...-

-¡Justamente eso!- gritó de pronto la chica. -Nadie me cree, nadie me hace caso cuando les digo que soy una bruja. Por favor, crea que soy una bruja. Y de corazón, se lo suplico-.

-Es que... Necesitaría una prueba. No sé, haz un truco de magia, o algo-. 

La chica comenzó a mirar, se quedó contemplando el semáforo y me dijo:
-Ehmmm...Dentro de veinte segundos el semáforo se pondrá en verde-.

Y pasados esos veinte segundos, se puso en verde.

Pura suerte. Pura y cochina suerte.

-No... ¿no le convence? Por favor, le juro que lo he adivinado con mis poderes, eso es cosa de brujas, ¡créame!-.

-¿Por qué eres tan pesada con el tema de ser una bruja, si se puede saber?- le espeté de una manera un tanto maleducada. Casi gritando. 

La niña se asustó cuando le dije eso. Mierda. Me he pasado. Ahora sí que la hemos cagado. 

Ella me miró y dijo:

-Si no fuera una bruja, no sabría que no eres feliz con tu vida-.

Pff. Anda que no hay gente que no es feliz.

-Aunque tengas una chica muy guapa con la que te vas a casar, aunque ganes dinero a espuertas, aunque no tengas ningún antecedente penal, no eres feliz con tu vida-.

Lo dicho, anda que no hay gente así. Poca, pero la hay. Que no, que no me trago que seas una bruja, chica. Llego tarde al curro, niña.

-Pero soy una bruja. Y para que me creas, tengo... esto- sacó de su mochila unas fotos que me enseñó.

Su puta madre.

En esas fotos salía yo en un bar con una compañera del trabajo con la que me lié hace dos meses. Justo cuando mi novia y yo nos habíamos comprometido.

Di un bufido.

-¿Cómo las has conseguido?-.

-Tomé las fotos de los vídeos de la cámara de seguridad. ¿Que cómo tuve acceso a ellas?. Porque el dueño es mi tío. Y, además, esa chica es mi hermana mayor.  Nos lo contó todo. Le dio mucha pena que cortaras con ella. Aunque bueno, sabiendo lo del compromiso...-.

Di otro bufido.

-Bien, pequeña bruja, ¿cuánto pides por esas fotos?-.