Todos conocemos la historia de esta película, cómo casi nos quedamos sin ella, y cómo, gracias a que muchos dieron el coñazo en las redes para que saliera (yo incluido), finalmente se estrenó. En España ha llegado casi un mes más tarde que en otros países y, por desgracia, eso conllevó que destripes varios circularan por ahí, con el riesgo de que algunos los leyeran antes de tiempo... Y sí, yo me los comí.
De lleno.
Lo cual me fastidia porque, lógicamente, me habría gustado muchísimo verla sin saber nada de ella ni haber leído ningún destripe asqueroso. ¿Significa eso que me ha disgustado? En absoluto.
Para mí, es la mejor película que he visto en cines en este año 2026. Y es gracioso, porque de normal, cuando una cinta recibe tanto amor y cariño por parte del público, no sólo lo veo con un poco de escepticismo, sino que al final me posiciono en las antípodas y acabo disgustado. Pero, al César lo que es del César, esta condenada lo ha logrado. Tampoco es que fuera tan difícil, quiero decir, son los Looney Tunes, que han formado parte de mi infancia, y casi diría que toda mi vida: su humor, sus personajes, sus ocurrencias, sus animaciones, los animadores... están ahí, y no creo que se vayan jamás, como genes en las cadenas de mi ADN.
Lo gracioso de todo esto es que la película es muchísimo más graciosa, emotiva y tiene más de los Looney Tunes que los mismísimos cortos actuales de los Looney Tunes, y uno, al final, sabe que esto ha sido posible porque la gente involucrada en este proyecto ha puesto su corazón haciéndolo.
Y creo que cosas como esta son las que uno debería celebrar.
Como es costumbre en esta casa, la reseña contendrá algunos destripes, pero voy a ponerlos avisando con antelación, para que así no os los comáis como me pasó a mí.
A estas alturas no creo que haya que comentar mucho sobre el argumento de la cinta: el Coyote, viendo que los productos ACME no le han servido para nada en su empeño cazando al Correcaminos, y que sólo le han traído explosiones en la cara, golpes y porrazos varios (amén de varias contusiones), decide demandar a la compañía ACME, lo cual es una tarea suicida. Para ello contrata a un abogado en horas bajas, y lo que al principio parecía una simple batalla judicial, va convirtiéndose poco a poco en una conspiración que afecta a todos los dibujos animados...
Ya esa premisa atrae a cualquier fan de los Looney Tunes. El Coyote es el eterno perdedor, el Sísifo por antonomasia de la animación, que jamás se rinde y siempre se levanta a pesar de las derrotas. Una y otra vez, una y otra vez... Hasta tal punto de que todos sentimos más simpatía por él que por el Correcaminos. Uno pensará que por qué no, pero hay que tener en cuenta que el Coyote no es el héroe, sino el villano, el depredador, que quiere devorar a un pájaro que, honestamente, tiene la profundidad de un charco. Pero el Coyote no es un villano al uso, sino el eterno perdedor, como se ha dicho, y eso le añade algo más. De normal, a la gente le molan más los villanos que los héroes: Scar, el Alien, el Predator, el Terminator, Overlord, Megatron, Claude Frollo... pero si ya añades esa capa de derrota continua, de perdedor empedernido, te has ganado al público. Y si bien los Looney Tunes tenían muchos personajes que fracasaban sin cesar, como el Pato Lucas, Silvestre, o Josemite Sam, el Coyote era sin duda alguna el rey de todos ellos.
La vida, por desgracia... es derrota. Y aprender a levantarse. Pero eso, a la larga, duele. Pensar que te has esforzado tanto en luchar, en conseguir algo, y de pronto ves que no tienes nada... Es indescriptible. Hasta una patada en las gónadas duele menos que eso. Por eso tener una película como esta es algo único. No porque trate de un perdedor, pues, ¿cuántas cintas versan sobre eso? Miles. Demonios, si hasta una de mis series favoritas de todos los tiempos tiene como protagonista a un perdedor que las pasa jodidas y cae de mil maneras para luego levantarse como una bestia parda. No. Esta cinta trata sobre un perdedor por el cual nadie tiene simpatía alguna, pues es un genio con ciertos rasgos de psicopatía y con el que es mejor no estar cerca, no sea que algo te explote a ti también. Pero el cabrón sigue intentándolo. Y sigue. Y sigue.
Durante más de setenta años, ha seguido intentándolo.
Eso es algo digno de encomio, algo que mucha gente parece que ha olvidado. Ya sabes, la que te dice que lo dejes, que ellos también lo dejaron y están mejor, cuando en realidad, no es así. Por desgracia, conozco casos muy cercanos, y la verdad es que es algo muy triste. Porque sabes en el fondo, lo sabes, que son personas que vieron que buscaban algo que les venía muy grande y lo dejaron por imposible, y están afligidos hasta lo más hondo. Personas de diferentes ideologías, credos y ambiciones. De todo tipo.
Sí, la vida es derrota tras otra. Pero, también es levantarse. Y cada vez que te levantas, creo que te haces más fuerte.
Y que un sarnoso coyote nos lo recuerde, es algo que no se ve todos los días.
Por eso el Coyote, junto con el Pato Lucas y el Diablo de Tasmania, es de mis Looney Tunes favoritos.
Y también creo que esta película, aún teniendo un personaje como él, podría haber fallado de mil maneras, pero los realizadores de esta cinta, no sólo conocían muy bien al personaje, sino que pusieron todo su corazón en esta tarea, cosa que como ya sabréis, me puede. Ya he dicho al principio que los cortos actuales de los Looney Tunes son malísimos hasta decir basta, y fácilmente podrían haber tirado por ese humor tan soso en este filme, pero no fue así. Desde el primer momento en el que ves al Coyote persiguiendo al Correcaminos, notas que hay mimo detrás. Los golpes, las explosiones, los carteles del Coyote, la voz en off que traduce los carteles y nombres de los productos (con su inconfundible "Marca ACME")... todo se siente como un homenaje a los antiguos cortos de estos dos personajes, e incluso no sólo supera a los nuevos, sino que también a las cintas de Space Jam y Looney Tunes: de nuevo en acción. Lo mejor es que el humor se mantiene constante en toda la película, y la verdad es que no defrauda en absoluto, siendo un soplo de aire fresco que ya necesitaban estos personajes.
Que no, que ni poniendo violencia de este tipo me compras, que no
Es por eso que uno se pregunta qué llevó a la Warner a querer eliminar esta cinta para siempre. Quizá, y digo esto sin entrar mucho en destripes, era por el desarrollo de la premisa, por algunos que otros momentos que en fin, les incomodaban, o sencillamente no creían en ella... Pero la verdad es que cuesta de pensar eso, teniendo en cuenta el resultado final.
Porque no solo es una buena muestra de comedia, y una película con un mensaje sobre las malvadas corporaciones, y caerse y levantarse de nuevo... Es una cinta de que quizás, a veces, necesitas un respiro. Y algo que nunca consideraste.
Aquí es donde entran los DESTRIPES. Si queréis saltaros esta parte, adelante, ya avisaré de cuando sea una zona libre. Será un poco larga, eso sí.
El Coyote no tiene amigos. ¿Cómo va a tenerlos? Es un villano, perdedor, sarnoso... y más cosas que se nos puedan ocurrir, incluida la de genio (que aquí se demuestra con creces). Y no quiere demandar a ACME, sino buscar a un abogado para hacerle creer que quiere demandar a ACME. Y aquí es la clave: en realidad, el Coyote sigue pensando en acabar con el Correcaminos. Y este juicio es el pretexto perfecto, pues el Correcaminos es el testigo ideal, el único que ha visto al Coyote fracasar y fracasar con los productos ACME. Así que, cuando preste declaración en el juicio... Adiós pájaro.
Por supuesto, el abogado descubre el pastel, y sucede una pelea en la que tanto el Coyote como su letrado discuten acerca de sus motivaciones. Esto sucede casi al final, cuando han pasado por muchísimas cosas y parecía que se había forjado un vínculo. Y es aquí cuando el abogado le suelta al Coyote un comentario que equivale a una bomba atómica:
NUNCA ATRAPARÁS AL CORRECAMINOS
¿Cuántas veces nos han dicho eso en la vida? Y ya sabéis quiénes nos lo han dicho: la gente que dejó por imposible sus sueños, la que se cayó y dijo, "hasta aquí". Pero es que la gracia de ser un personaje como el Coyote es que este tiene una escasa complejidad, lo cual no es malo en absoluto, y aquí se juega con ello de una manera magistral, pues al final, cuando todo parecía perdido en el juicio, no solo el abogado y su equipo lo apoya, sino que su némesis, el Correcaminos, en una aparición contra todo pronóstico, dice sin tapujos que él es su amigo y que ha visto cómo las ha pasado canutas.
Diantre, eso sí que no me lo esperaba.
Y si no hubiese leído tantos destripes, creo que me habría quedado mudo de la sorpresa.
Olvidaos de las corporaciones malvadas, aquí está la guinda del pastel. Quizá el Coyote no buscaba amigos. Pero sí que los necesitaba. Y sobre todo amigos que le apoyen. Esa es la maravilla que han hecho en esta cinta: lograr meter este mensaje sin ser sosos, sin fastidiarla, con un desarrollo de personajes que, teniendo en cuenta que son los Looney Tunes, no sólo sorprende, sino que se agradece, pues está hecho con cariño. Y cuando se hacen las cosas con cariño, se notan.
Hasta aquí la zona de destripes.
En fin, qué más puedo añadir a la crítica sin repetirme. Una película genial, con un humor que engancha, personajes llenos de carisma desbordante, y sobre todo, ese mensaje final...
Qué bien que no dejaran que esta cinta siguiera acumulando polvo en un cajón.
Porque necesitamos que nos recuerden que fracasar y levantarse no es perder.
Es demostrar al mundo que no te das por vencido.
Como hace el Coyote.





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