Hace cosa de unas semanas, vi un texto colgado en el muro de un amigo mío en su Facebook. Era una disertación bastante extensa acerca de un problema de la sociedad actual, y que con la cinta No mires arriba, se había acentuado. Básicamente, el autor del mismo nos exponía que cualquier mensaje que se lanzara, como por ejemplo, la defensa del medio ambiente, la lucha contra la violencia hacia la mujer, la demonización del consumismo... se veía transformado por el afán recaudatorio. Dicho de otra forma, en vez de que esos mensajes luchen contra el sistema, este sabe cómo usarlos en su beneficio, y seguir sacando tajada de ellos, ya sea con camisetas, campañas, productos... etc. No es algo nuevo, lleva sucediendo durante muchos, muchos años (casi uno diría que es signo inequívoco del hombre como especie). La única solución, de acuerdo con ese texto, era, literalmente, la caída de un meteorito que nos borrase del mapa, porque no aprendemos ni a tiros. Honestamente, no creo en esa solución. Tampoco sé cuál sería la adecuada. Lo que sí sé, es que su denuncia, ya fue plasmada antes que él, en muchos medios y soportes. Y fue en un libro donde se podía disfrutar de esa divagación de una manera increíblemente contundente, impactante y gráfica. Casi a puñetazo limpio.
Por supuesto, estoy hablando de la novela El club de la lucha.