jueves, 4 de octubre de 2018

PLOTOBER 2018 - DÍA 04

Esto sigue, bellacos. Ar, marinero, claro que sigue.

LE LLAMABAN MISIFUS

Todos conocen su leyenda, ¿verdad? Sí, no os hagáis los remolones. Hablo del único, el inigualable, el indomable, amante de mininas de todos los rincones, furtivo contrabandista, sí, hablo del gran...

–¿Gato con botas?

–¿Cómorl?

–Sí, hombre, el gato con botas, ya sabes, el que tiene la voz tan sexy y todo eso.

–Pero ¿qué diablos te has estado fumando hoy, pequeño infusorio?

–Fumar nada, beber sí, una Coronita, pero ya está. ¿Estás hablando del gato con botas, no?

–Pues no, no me refiero a ese gato, sino al gato ¡Misifus! El grande, el único, el...

–¿Misi qué? A ver si el que está fumando ahora eres tú.

–Joder, que no, que hablo de Misifus, hombre, es un gato famosísimo, no hay nadie que no lo conozca, hasta los más jóvenes han oído hablar de él.

–Puesssss... No, no me suena. Venga, hablemos del fútbol o algo, que para que me des un rollo sobre un gato...

–¡Maldita sea! ¿No ves, oh desgraciado, que estoy a punto de narrarte una historia épica sobre el mayor felino que haya pisado la faz de la Tierra?

–¿Viste el golazo que marcó Ramos? Dios, qué golazo. ¡Pum! Y a tomar por culo. ¿Lo viste, eh, lo...?

–¡Me defeco en todo lo defecable! ¡Me cortas el rollo! ¡Misifus merece mayor respeto que esto!

–Bueno, venga, dime algo de ese gato. Anda.

–Pues verás... Era un frío y aciago día de invierno. Los gélidos vientos del norte sojuzgaban a los habitantes de esta, oh idílica ciudad nuestra. Entonces, sucedió. 

–¿Qué sucedió?

–Que el gran Misifus apareció de entre los coches, y tan solo con sus ronroneos supersónicos, pudo lograr aumentar la temperatura de la ciudad, haciendo que el crudo invierno que nos sojuzgaba pasase... ¡AL CÁLIDO Y FRESCO VERANO! ¡TODOS EN LAS PUTAS TERRAZAS! ¡Y OH, MISIFUS, CON TANTA GRACIA COMO APARECIÓ, SE DESVANECIÓ SIN QUE NADIE SE DIERA CUENTA, SIN QUE NADIE LE AGRADECIESE NADA! ¡PERO YO, YO LO VI! ¡UNA MARAVILLA DEL CIELO, UN REGALO PARA NOSOTROS, MORTALES INGRATOS! ¡OH MISIFUS!

–... ¿Qué cojones ha sido eso, tío?

–Ni idea, una mierda, supongo. Me ha salido así, de repente.

–Joder. Imagina que la publica alguien en un blog, o algo. 

–Pfff, ni de coña, tío. Oye, ¿ese tipo nos ha estado mirando mucho o me lo parece a mí? ¿Y no lleva una libreta?

–Pues ahora creo que se ha dado cuenta de que le hemos visto. 

–Que se va, macho.

–Bueno, ¿y qué?

–Pues que a lo mejor es periodista y quiere coger tu historia.

–¿Y?

–Que se llevaría él todo el mérito.

Los dos amigos miraron sus cervezas, se las acabaron enseguida y salieron como alma que lleva el diablo del bar. Ese día, los transeúntes pudieron ver cómo un periodista era perseguido por dos tipos que no podían casi ni correr de la embriaguez que llevaban encima, y estos a su vez eran perseguidos por el dueño del bar, con escopeta en mano y al grito de: "¡MOROSOS HIJOS DE PUTA!" Lo bueno de todo esto, es que no dejó a nadie a cargo de su establecimiento, por lo que todos los clientes disfrutaron de varios litros gratis de cerveza. Qué generoso, este hombre.

miércoles, 3 de octubre de 2018

PLOTOBER 2018 - DÍA 03

Tercer día. A ver qué se me ha ocurrido.

INAMOVIBLE

La masa fecal, mierda si se prefiere, apareció a primeros de mayo. Nadie sabe cuándo, ni quién o qué la depositó, pero estaba en medio de toda la acera. No era grande, ni tenía un tamaño diminuto. Se veía bien desde la distancia, mas algunos incautos la pisaron, y, cómo no, se mancharon la suela de los zapatos. Cuando llegó el barrendero para quitarla, vio con asombro que no podía, que estaba demasiado pegada al suelo. La tocó, y comprobó que su consistencia era blanda, y ni por esas lograba arrancarla de la acera. Muchos más barrenderos vinieron, no obstante, ninguno de ellos, ni siquiera juntos, pudieron sacarla. Era un excremento extraño, que fue protagonista, conforme pasaban los días, de numerosas fotos, editoriales y artículos en los periódicos, tertulias televisivas, y hasta campañas de Internet (algunas la usaban como ejemplo de la resistencia frente al gobierno opresor, unas pocas para ensalzar la resistencia del país frente a la crisis económica que sufría, y la mayoría de ellas para, simplemente, reírse un rato), manteniendo así a los ciudadanos en vilo sobre este curioso acontecimiento. Fue entonces cuando el gobierno, anonadado ante la resistencia de esta cagarruta, decidió llamar a las autoridades científicas pertinentes para que arrojaran algo de luz al asunto. Cuando llegaron a la zona, que acordonaron por seguridad (algunos pensaban que todo era una conspiración, y no les culpamos, la verdad), procedieron a la toma de muestras. Para su asombro, el excremento seguía todavía fresco, a pesar de que habían pasado casi tres meses desde su descubrimiento. Una semana después, tras arduos estudios, se determinó que el moñigo pertenecía a un ser humano (cosa que, por desgracia, no sorprendió a muchos) y más concretamente, a uno que murió hace cinco años. El culpable no era otro que el señor Mateo, un jubilado asqueado con la sociedad que antes de morir, juró que "Iba a dejar una mierda en la acera que no la quitará ni Dios ni Cristo que lo fundó". Pese a la seriedad con la que lo decía, nadie, por supuesto, le tomó en serio. 

martes, 2 de octubre de 2018

PLOTOBER 2018 - DÍA 02

La verdad es que esto de no tener una lista es bastante lioso... En fin, veamos qué he escrito hoy.


UNA COLA MUY GRANDE


Se despertó. Estaba tendido en el suelo, y sobre él había un enorme cielo cubierto de nubes, demasiado cubierto de nubes. Se levantó, pudiendo ver una enorme cola, que se extendía hasta el horizonte. No tenía nada mejor que hacer, así que decidió esperar, a ver qué sucedía. Había gente de todo tipo: jóvenes, ancianos, mujeres, hombres, africanos, europeos, rubios, altos, bajos... Sin embargo, no conocía a nadie, ni nadie parecía conocerle. Así que supuso que no estaba cerca de casa. La cola era larga, sí, tan grande como la eternidad, y mientras esperaba, preguntaba a los que estaban a su lado, que si sabían qué pasaba. Lo desconocían. Eran un hombre y una mujer con dos niños pequeños, con los que jugó mientras la cola se iba acortando. Pudo ver cómo más gente se iba sumando a la par que avanzaban, pero de igual modo, cuando le preguntaban qué era esto, él no lo sabía, y a la vez, ellos no sabían cómo habían llegado hasta allí. En el tiempo que pareció un eón, por fin pudo llegar su turno. Vio cómo la familia pasaba a través de una gran cortina roja, y después, le tocó pasar a él. Dentro estaba un hombre con traje elegante, sentado en una silla. Un hombre joven, muy serio, muy cansado, que no dejaba de escribir en una hoja sobre una mesa. Le señaló que se sentara en la silla que había enfrente de él. Y así hizo.

–¿Nombre?

–Emm... Roberto. Roberto López... Gómez.

–Ajá. ¿Edad?

–Pues... – Empezó a contar los dedos de las manos, mientras el hombre le miraba seriamente–. Pues... Siete. Creo que dentro de poco cumpliré ocho.

–Ya veo. Bien, Roberto. ¿Sabes lo que te ha pasado?

Roberto no dijo nada. El hombre resopló un poco, cerró su bolígrafo y juntó sus manos, mirando fijamente al niño.

–¿No recuerdas nada de ese día? ¿La comida en el campo con tus padres? ¿Cuando estabas jugando con tu hermana?

Roberto se rascaba la cabeza, pensando. El hombre parecía impacientarse, y a la vez compadecerse de él. Roberto seguía y seguía rascándose la cabeza, hasta que de pronto se detuvo en seco. El hombre arqueó una ceja, sin dejar de mirarlo. Roberto comenzó a tocarse, a pellizcarse. 

–Ya veo que lo recuerdas.

–El agujero... No lo vi... Pero...

–Lo siento chico. Fue una caída espantosa. Te partiste la cabeza. Instantáneo, no sentiste nada (eso fue lo mejor). 

Por supuesto, todo lo dijo por protocolo. Claro que no lo sentía. Mas la culpa no era del todo suya, había visto tantas cosas así, e incluso peores, que ya se había acostumbrado a todo.

–Bien, puedes seguir. Ya hemos acabado. Ten un buen día.

Roberto no se movió. Se quedó en su sitio, temblando, sin poder creer lo que decía. 
Esto también lo había visto muchas veces el hombre.

–Oye, tengo mucho trabajo por...

Roberto comenzó a llorar. Nada fuera de lo común, aunque sucedía más en adultos que en niños.
El hombre suspiró, y se levantó hacia él. Puso su mano en el hombro del chico.

– Vamos, vamos, sé que es un trago difícil, pero ahora estás en un lugar mejor, créeme.

–¿Un lugar mejor? ¡¿Cómo va a ser este un lugar mejor?! ¡¿Usted es tonto?!

El hombre quitó su mano, y dejó que Roberto se desahogara. Miró hacia la gran cortina roja, como siempre hacía cuando pasaban estas cosas. Se imaginaba la enorme cola que había allí. Ya ni se acordaba del tiempo que llevaba en este trabajo, si es que se podía llamar así, puesto que no tenía remuneración alguna (si bien no la necesitaba). No obstante, contaba con descansos, lo cual era un alivio. Sí que recordaba la primera vez que llegó allí, con la misma edad que tenía el chico que ahora estaba sentado llorando ante él. Normalmente los que llegan aquí no envejecen, solo los que trabajan en este lugar tienen derecho a ese privilegio, o maldición para algunos. Lo único que les une es que ya no pueden morir otra vez. 

El hombre miró a Roberto, que se enjugaba las lágrimas. Cuando acabó, se giró hacia al hombre.

–¿No podré ver a mi familia de nuevo? ¿Ni a mis amigos?

–No, lo siento. 

–Pensaba... Pensaba que nosotros podíamos verles desde arriba.

–No, chico. Lo siento. No es posible. Estás a demasiada altura, no verías más que nubes.

Roberto se secó una lágrima que se le escapaba. 

–Y a usted, ¿qué le pasó?

El hombre respiró hondo. Pese a que le habían hecho la misma pregunta varias veces, nunca se había acostumbrado a ella.

–Tenía tu edad. Me atropelló un coche cuando cruzaba el paso de peatones. 

–¿Echa...? ¿Echa de menos a sus padres? 

Esta pregunta se la habían hecho menos veces. 

–A veces... pienso en ellos. Deben de seguir vivos, porque todavía no los he visto pasar por aquí... Sí, suelo pensar en ellos. 

Se quedaron en silencio. 

–Lo siento, chico. Este no es un lugar mejor. Ni de lejos.

–Ya. 

–Ni siquiera es un tránsito, como algunos dicen. Es... 

Roberto le miraba fijamente. El hombre también.

–No es un lugar mejor, desde luego.

–¿Y qué hacemos aquí?

–No lo sé. Vivir, hasta el fin de los tiempos. Supongo. Pero no lo sé.

–Ya.

Roberto se levantó de la silla, lentamente, hacia la salida. A pocos pasos, le preguntó al hombre:

–¿Cuál es su nombre?

–Félix.

–¿Podré verle otra vez, Félix?

Eso ya no se lo habían preguntado tanto.

–Sí, en los descansos. Me verás fumando ahí fuera, no te preocupes. 

–Vale.

El hombre vio cómo Roberto se alejaba por la salida. Después, cuando ya le perdió, volvió a su mesa, cogió el papel, y comenzó a escribir otra vez. Dentro de poco, tendría un descanso. 









sábado, 14 de julio de 2018

AY SEÑOR

Otra entrada más, y como la anterior, también breve. 

La cosa es que últimamente, ya sea en algunas conversaciones, por la calle, en clase, oigo una aberración lingüística que me produce no solo pesadillas, sino también daños cardíacos de carácter grave. El pobre es muy sensible con ese tema. No es culpa suya, hay que decirlo. Sobre todo cuando hablamos de esa monstruosidad del lenguaje que es...

MÁS MEJOR, MÁS PEOR, MÁS MAYOR ...

Y similares. 

Quiero decir, ¿tanto cuesta saber que en esos casos no es necesario añadir el más porque estas palabras ya indican que nada les puede superar? ¿Es que nadie ha oído hablar de las redundancias, demonios? Y es que lo peor es que a veces se me escapa de tanto oírlo. Cierto es que por ejemplo con mayor hay ocasiones en las que sí se permite añadir el más, pero cuando estamos haciendo comparaciones, no hace falta. No hace falta, rayos y retruécanos. Ah, y no me vengáis con el argumento ese de que si hablar bien es de la élite y demás, porque no solo es una chorrada sino que además existen Internet, bibliotecas, y otros servicios con los que no cuesta nada informarse un poco. Hacedlo no solo por vosotros, sino también, por mi pobre corazón. Por favor. El pobre ya no está para estos disgustos.

PD: Veo que ahora sí que funciona el Linkwithin, pero solo cuando se hace click en una entrada... Por los clavos de Cristo, estas tecnologías me vuelven cada día más loco.


viernes, 13 de julio de 2018

SEAMOS SERIOS POR UNA VEZ

Buenas, gente. Lo primero, siento mucho no haber escrito durante todo este tiempo. Muchas razones han sido las que han llevado a esta sequía de entradas: los estudios, carencia de temas para hablar, etcétera, etcétera. No estaba, pues, muerto, sino, hibernando cual oso, podríamos decir. También quería comentar que, cómo habréis comprobado, no hay un "Quizás le interese" al final de cada entrada, puesto que el Linkwithin no me funciona como antes. Veré alguna otra alternativa. Una vez dicho esto, prosigamos con el texto en sí. 

Resulta que el otro día hablaba con mi familia sobre una serie que veíamos tiempo ha, una serie que era una delicia audiovisual para nosotros, y que sin embargo, veo que mucha gente odia y critica con mala saña, sin saber yo por qué (por ejemplo, Dross). Dicha serie es...

Megabebés



Quiero decir, solo con fijarnos en la introducción, vemos que nos hallamos ante un producto de calidad incuestionable, afirmación que se corrobora conforme nos deleitamos con los diversos fotogramas que presenta, mientras vemos a bebés de fuerza sobrehumana luchando contra amenazas tan terribles como vacas caníbales del espacio exterior. Un ejemplo:


Sublime.

En fin, no sé a qué diablos estáis tardando en verla. Sé que es una entrada corta, y todo eso, pero, demonios, qué más puedo decir para defender a esta maravilla de serie. Yo ya voy a ponerme a visionarla de nuevo, ahora mismo.

Y no, esta entrada no es de coña. Voy en serio. MUY EN SERIO, MALDITA SEA.