domingo, 7 de octubre de 2018

PLOTOBER 2018 - DÍA 07

EL DÍA QUE HABLÓ COMO SI FUERA UN PERSONAJE DE SARAMAGO


Ocurrió hace casi tres años. En el pueblo de Mateo Sinón, un pueblo tranquilo, con pocas preocupaciones, salvo la fiesta que se celebraba todos los años y que constituía la mayor fuente de ingresos para todos sus habitantes, los llamados mateosinonistas, ya que venían de todas partes turistas para ver los desfiles de mascaradas de tradición milenaria, sucedió pues que en el aquel pueblo, el señor Leopoldo, el carnicero, comenzó a hablar como si estuviera en una novela de Joaquín Saramago, escritor que jamás había leído en su vida, ni siquiera había oído hablar de él. Fue algo que al principio, con pena del señor Leopoldo, el pueblo tomó como una ocurrencia graciosa, ver como este pobre hombre hablaba sin pararse ni un segundo, sin dar fuerza a sus frases exclamativas o interrogativas, y adornando sus sentencias con, a veces muy pormenorizadamente explicadas, frases hechas, frases transmitidas de padres a hijos. Las semanas se fueron pasando, y el humor se fue transformando en pena, y esta en hastío, porque, como siempre sucede con nuestra especie, necesitamos experiencias nuevas y precisamente ver todos los días al carnicero hablando de esa manera, ya cansaba. Fue a muchos médicos y especialistas, los llamados logopedas, mas ninguno lograba solucionar su problema, su, para casi todo el pueblo, cansino problema. Su mujer, Paulina, lo vigilaba de vez en cuando porque, sabiendo lo sensible que era su marido, no quería que este cogiera un cuchillo y tomase la vía rápida, no fuera que manchara toda la mercancía, o peor, a los clientes, y, por supuesto, no deseaba sufrir la pérdida de su marido. Lo primero, al menos para ella, era la solvencia económica, y que el niño pudiera seguir en Madrid y acabara sus estudios, saliendo de ese entorno tan sacrificado como era una carnicería. Era, aún así, curioso para mí ver cómo hablaba este hombre, cuando le preguntaban acerca de la carne, y el respondía, Pues mire, tenemos la de cerdo a tantas pesetas el kilo, o si lo prefiere, esta de vaca a tantas pesetas, y el cliente le decía que cuál era la mejor, y este respondía con otra pregunta, Qué cuál es la mejor, pues la de cerdo, hombre, con lo rica que está, aunque también depende, y ahí le salía su acento gallego, que en ocasiones pensaba que lo había perdido por haber pasado tanto tiempo en Toledo, pero no era así. No obstante, lo más chocante para mí era que, desde que empezó a hablar como un personaje de Saramago, a veces se le oía escapar de su boca algunos acentos portugueses, incluso canarios...
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